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— Fëng Ruì.

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— Fëng Ruì.

Mensaje por Fëng Ruì el Mar Jun 02, 2015 1:57 am



FËNG RUÌ



Edad — 22 años.
Nación — Templo del Aire (Sur)
Residencia — Errante, sin residencia fija.
Afiliación — Comparte algunas ideas con los partidarios Nacionalistas.
Ascendencia — Padre oriundo del Reino Tierra; madre maestra aire.
Predisposición — Aire.
Ocupación — Ninguna en específico. A donde se le ocurra ir toma cualquier tareílla o encargo que le propine comida y techo para pasar la noche.


Descripción Física
You can hear him coming, with the songs he sings.

Pensando uno en los, alguna vez extintos y hoy en día escasos, monjes y maestros aire que solían hacer de los templos cardinales sus hogares y de la meditación y el silencio una rutina, es lógico, común y hasta predecible que la tosca, hasta áspera imagen de Fëng Ruì no resulte ni por cerca la primera que salta a la cabeza a la hora de asignarles rostro. Tal vez no acabe siendo ni la última.

Fëng orgulloso se yergue sobre las cabezas del resto con una importante altura de 196 centímetros y cierta corpulencia ganada por una corta pero constante vida de trabajo tras trabajo que, si bien no lo ubica para nada en las filas del ejercicio sano y sus consecuencias, lo aleja lo suficiente de la apariencia casi indefensa que sus pares maestros suelen ostentar. Delgado y estirado, eso concedido, pero con un par de músculos que lo hacen poco más que un fideo humano para quien se lo cruce. Y cuando deja de ser la primera cosa es cuando empieza aquello que más impacta en las personas, —está más que al tanto— no de la mejor manera. De razgos alargados, tez clara y ojos pardos, pequeños y estirados con una marca lineal de la piel emergiendo a cada costado de los mismos, pero de una gélida tonalidad opaca sobre la que el brillo no refleja y cualquier emoción se pierde en lo diminuto y vacío de sus orbes castañas, enmarcadas por la curiosa rotación en la que la piel contornea una caída acercándose al puente de la nariz y parece alzar alas hacia la parte externa: una mirada siempre a la caza de su presa, atención sedienta como la de un halcón a medio vuelo, cual vívora al segundo de clavar los colmillos en su siguiente cena. Sí, dicen que los ojos son la ventana al alma... pero cuán errónea puede ser la vista que este portal le devuelve a uno.

No es extraño confundir el carácter de Fëng Ruì con tan sólo una mirada y son varias las razones que se acumulan sobre esta para encontrar la explicación: una de ellas, quizá la peculiaridad física más destacante del joven, es el gen que deforma sus hileras de dientes concediéndoles un vil aspecto cónico y filoso, como las mismas fauces calcadas de un tiburón, no la imagen más bonita para recordar a alguien... pero admitámoslo, no el alguien más bonito que recordar tampoco. Así como pequeñas cejas y cortas pestañas de igual color, el anaranjado tinte de su cabello vuelve a atraer la atención hacia su persona cual faro a mitad de la más negra noche. Corto, disparejo y bien al ras de la cabeza, da pistas de un pasado no tan lejano de cráneo desnudo y tatuajes religiosos presumiéndose con orgullo a partir del que comenzó a crecer de vuelta. Sólo un par de mechones rebeldes y en destiempo han conseguido hasta hoy el largo suficiente como para volar desatados del resto, la punta de una flecha celeste buscando asomarse entre ellos en lo que el resto de las inscripciones recorren la enteridad de su columna y cuatro extremidades.

Partidario de las prendas holgadas, frescas y cómodas que le permitan moverse con facilidad y soltura, factores necesarios en la práctica de su maestría, pero suele adornarse a sí mismo con las cosas más bonitas que encuentre a lo largo de sus travesías como si su propio cuerpo fuera un muestreo de souvenires andante. De pendientes, collares y demás accesorios extravagantes Fëng Ruì se llena muchas veces sin notarlo, sólo deshaciéndose de ellos cuando necesita dinero para llegar al otro día o terminan haciéndose muy incómodos para su gusto. Una larga y suave túnica le sirve de abrigo y tapado, los pliegues de la tela apilándose uno sobre el otro y cayendo con distintos encastres y retoques en partes negras, verdes y violáceas. Acostumbra andar descalzo.


Descripción Psicológica
And your smile is never tired of the new friends it meets.

Es difícil no juzgar un libro por su portada, Fëng conoce de esto por experiencia propia: ¿en qué te fijas cuando lo tienes plantado enfrente tuyo? Tal vez en la incógnita, descarada frialdad con la que fija la mirada y no la despega ni aunque lo noten, tal vez en la intimidante presión que ejerce su rostro sobre los alrededores cuando algo lo frustra o pone ansioso. Tal vez en que da hasta miedo la homogeneidad única con la que refleja sus emociones, y cómo al igual que máscaras de comedia sus expresiones cambian y alternan de un minuto al otro dependiendo de cual sea la predominante.

La verdad es que Fëng lleva a flor de piel sus sentimientos y convicciones y recibe al mundo con los brazos abiertos y la cabeza erguida en alto, sin temor a mostrarse y exponerlos con la hasta boba sinceridad y el brillo de una sonrisa que lo caracterizan, así como tampoco duda en fruncir el ceño y plantar cara a aquello que no le parece. Siendo un alma por naturaleza sociable y gustosa de la compañía condenada por voluntad propia a estar la mayor parte del tiempo a solas, el ánimo y entusiasmo que derrama en las interacciones de su agrado suele a veces hasta agobiar a muchos aún cuando no es ni su más mínima intención hacerlo. Bromista y un tanto aniñado para su edad, Fëng se comunica a base de gestos y acciones por su simple incapacidad de quedarse quieto cuando algo lo emociona.

Siguiendo las enseñanzas de sus maestros, Fëng tiene un fuerte aprecio por el prójimo y suele ser aquel que acaba las peleas en ocasiones hasta antes de empezadas. Diligente, intuitivo y lleno de ideas inteligentes escondidas en un mar de otras estúpidas, por más aire en la cabeza que el chico parezca tener conoce perfectamente el límite entre divertirse haciendo el tonto y cuando la situación amerita ponerse serio... la mayoría de las veces. A pesar de no escatimar a la hora de brindar su opinión en algún asunto, le rehuye a los conflictos como si fueran veneno y por lo general no superpondrá su orgullo o emociones por encima de los demás.

Pero tiene formas pútridas en su carácter de conseguir lo que quiere o desesperarse en el fallo: por más paciente y comprensivo que pueda llegar a mostrarse, Fëng Ruì es todavía un niño bastante caprichoso bajo las circunstancias adecuadas. Su fascinación por el descubrimiento y aprendizaje de cosas nuevas es casi comparable con la presión que impone sobre sí mismo para que todo sea tal cual él lo espera, nada le parece tan interesante si no encuentra cómo adoptar o amoldarse a lo que desconoce después del tercer intento y puede llegar a estallar sobre el resto de no conseguir calma o un pequeño tiempo a solas. Un seguidor más que un líder, pero uno con carácter. El carácter de un niño de doce años, vivaracho y dulce por donde lo mires hasta que las cosas no salen como lo planea.


Historia
From ashes and blood he will build a temple.

El deseo, y el orgullo que lleva a creer a algunos que ese deseo vale lo suficiente como para imponerse sobre otras personas, es la receta de una combinación que a lo largo de la historia no ha hecho más que germinar tragedias y desastres. Fëng Ruì lo desconoce, y puede que jamás lo sepa, pero no es otra cosa sino el hijo de una de ellas.

Sus días, desde que puede contarlos, han sido tranquilos y carentes de demasiadas preocupaciones. Las memorias de la vida de Fëng Ruì son vagas pues, a pesar de los turbulentos hechos que la desencadenaron, han sido por ahora —hasta donde para él esa palabra abarca— simplemente... felices. Nadie, ni siquiera él, ni siquiera sus mentores, sabe demasiado del origen del pelirrojo muchacho: llegó al templo en los brazos de un grupo de monjes volviendo de una peregrinación por el territorio del Reino Tierra apenas siendo un bebé, abandonado (creyéndose que a drede) cerca de su campamento y pronto hallado y rescatado por tales. Lo asistieron y criaron en la mejor manera que se pudo, se le concedió un nombre, un hogar y afecto entre las paredes del templo; para cuando entendió aquello que le faltaba, Fëng ya había aprendido a valorar todo lo bueno que tenía.

Convivió como un residente más durante gran parte de su infancia, colaborando a gusto (y no tanto otras veces) con las tareas y recados diarios, entreteniéndose junto a los alumnos en los tiempos libres y sirviendo de mudo público a las clases y entrenamientos de los maestros y sus pupilos. Aprendió tanto como se pudo enseñarle sobre la cultura y las tradiciones que lo habían adoptado para amorosa y dedicadamente adoptarlas él también, defenderlas y cultivarlas tanto como ellas lo habían hecho consigo. Mas no resultaba tan fácil para el adepto jovenzuelo considerarse un igual del resto cuando los descansos acababan y él debía reducirse a un mero espectador de un don que no poseía, de un talento que lo alejaba de aquello a lo que anhelaba volverse más cercano, pues no fue sino hasta los doce años que la predisposición de Fëng Ruì al control del aire fue casualmente descubierta por sus incautos, desprevenidos tutores. Noche tras noche durante meses, a escondidas del resto el hacía un trabajo de imitar con la torpeza de la impaciencia y el medio olvido cada movimiento que rescataba de las clases a las que asistía, ¡y cual fue su regocijo cuando todo esto terminó dando frutos! La altura y contextura física del niño incluso a esa edad lo separaban del canon estético de monjes y pupilos con los que a diario se comparaba y relacionaba y —considerando sus nublados orígenes— resultó una verdadera, jubilosa sorpresa para todos en el templo que sabían su nombre.

Compensando su retrasado inicio con una predisposición rampante y perseverancia que rozaba la linea de lo absurdo, Fëng saltó de cabeza a la práctica de una doctrina que por años no había hecho más que observar y admirar en la distancia ahora que se le daba la chance de más. Ya no dedicaba sólo cariño y cuerpo a su hogar y enseñanzas, sino también voluntad y espíritu: eso lo hacía más feliz que nadie.

Participando en peregrinajes alrededor del globo y visitas a los demás templos comenzó a crecer en él cierto amor por lo nuevo, por todo aquello que se abría ante sus ojos más allá de las montañas al Sur. Así fue como, tiempo después de finalizar su maestría y recibir con orgullo sus flechas luego de tanto esfuerzo, peleas y tropiezos a la edad de veinte años, con veintiuno tomó la decisión de aventurarse solitario a recorrer el mundo y cada uno de sus rincones.

Hoy, Fëng ha estado en infinidad de sitios y ha conocido infinidad de personas. Cada lugar lo asombra más que el otro y lo incita a seguir adelante, pero no desaprovecha oportunidades de volver al templo que lo vio crecer y disfrutar tanto como pueda de su estadía cada que lo tenga cerca y quiera. Pudo haber nacido en la niebla, pudo haber carecido de familia, pero un hogar fue eso que jamás resultó falto. Y uno siempre encuentra el camino de vuelta, de una forma u otra: es algo que no se puede simplemente dejar atrás.


Armas

Carga con una preciada naginata que no sólo utiliza como objeto de defensa o para coordinar sus habilidades de maestría, sino también como una improvisada extensión de sí mismo para alcanzar cosas fuera de su rango o jugar bromas a distancia. Desecha la idea de implementarla en ataques, aún cuando es para este fin que fue forjada.


Mascota / Montura

Un estilo de vida como el de Fëng suele volverse solitario de tanto en tanto, ¿verdad que sí? Sin embargo, no ha contemplado lo suficiente la idea de conseguir una (y a los animales no les parece).


Nivel de maestría



Aire I (Básico)


Extras
But when he leaves, he's not really gone.


Fëng Ruì es su nombre completo otorgado por los monjes del templo, no tiene apellido.

Envolviendo su cuerpo lleva un extenso collar de cuentas de madera coloreadas de rojo, le gusta hacerlo flotar y moverse en olas con sus habilidades para pasar el tiempo cuando está aburrido.

Las peculiares terminaciones de los dedos de sus guantes son duras y en punta, dando la impresión de ser afiladas uñas bajo la tela cuando en realidad las manos de Fëng —para variar— no distan mucho de cualquier otra mano humana. Encuentra bastante útiles estas "uñas", ya sea para rascarse cuando le da comezón, usarlas como precaria pluma cuando tiene un tintero al alcance o arañar un camino en la tierra o la pared si es que algo lo pone nervioso. Tiene suerte de su color oscuro, porque con todo esto las ensucia bastante.

Ama pasar tiempo con los niños y le encantan los animales, pero muchas veces ellos no parecen quererlo tanto.

Para combatir el silencio de la soledad, Fëng adoptó la costumbre de hacerse conversación a sí mismo o tararear canciones en lo que ocupa sus manos con distintos trabajos.

Sabe defenderse bastante bien en la cocina, aún cuando no prepara nada que tenga carne. ¿Quién quiere un pastel de frutas? ¡Es especialidad de la casa!

Es diestro.

Entre ida y vuelta de un lado a otro, jamás pierde la oportunidad de visitar el templo que más cerca tenga y menos que menos si se trata del suyo propio, el Templo del Sur. Fëng siente una conexión importante a nivel afectivo con estos lugares, y es a donde más seguro y en paz se siente para meditar.

No cree en el aislamiento e individualismo total entre las naciones, pero apoya fervientemente las ideas tribales en las que el contacto y choques políticos sean evitados y reducidos únicamente a situaciones donde resulten estrictamente necesarios. El territorio mermado de los nómadas aire es para Fëng una historia distinta; ningún ajeno a las filas de monjes y estudiantes (descontando claro, asistencia y asistidos) debería ser bienvenido en ellos a sus ojos recelosos.

Siempre ha sostenido cierta desconfianza a la Nación del Fuego y sus habitantes, algunas heridas no sanan tan fácil para el chico.

Es costumbre suya, así como la de la mayoría de los monjes y maestros aire, rasurar su cabeza para sentir mejor el viento en ella. El único problema para Fëng... no sabe cómo hacerlo solo.


Procedencia


Imagen:

I - II - III - IV - V

Anime/Manga/Videojuego: Touken Ranbu
Nombre original: Iwatooshi


Four Nations,
la aventura comienza.

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Fëng Ruì

Nación Afiliada : Nómada del Aire
Masculino Residencia : Templo Aire del Sur
Armas : Naginata
Maestrías : .

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Re: — Fëng Ruì.

Mensaje por Spirit Guide el Mar Jun 02, 2015 10:02 pm

Ficha aprobada. Bienvenido y buena suerte en su travesía.
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Spirit Guide
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